sábado, 24 de octubre de 2009

La quinta de Muniain deja las clases por el Mundial que arranca hoy en Nigeria

El fútbol es un negocio convertido en una rueda imparable, capaz de engullir sin tiempo para digerirlo alegrías y tristezas, éxitos y fracasos. Por eso el regusto amargo que aún perdura por lo sucedido hace unas semanas en el Mundial Sub-20 de Egipto deja paso a partir de hoy a una nueva aventura intercontinental, en este caso en Nigeria y Sub-17.

La FIFA, en su afán por impulsar el fútbol en uno de los pocos territorios que le falta por explotar, sacó este torneo de calendario y lo instaló en el único periodo en el que el clima lo permite en el África negra, es decir, a partir de octubre. Un sacrilegio. Y no porque algunos clubes se quejen, con derecho, por quedarse sin varios de sus jugadores promesa, sino porque estos chicos están en edad escolar y hacerles perder un mes de clase por conseguir dinero a cambio sólo entra en las cabezas más retorcidas. Los padres de los españoles han hecho hincapié en este asunto y el técnico nacional, Ginés Meléndez -maestro de profesión además de entrenador-, impartirá clases para no perder el ritmo escolar.

Tratando de abstraerles de los últimos malos resultados de España en categorías inferiores, los jugadores tienen la única consigna de divertirse con el balón en los pies. No será fácil para estos adolescentes hacerlo en Nigeria. Instalada en la ciudad de Kano, al norte del país, la expedición española vivirá aislada del mundo exterior. Las condiciones de seguridad son extremas en una zona llena de conflictos. La causa es el alto número de etnias rivales existentes. Hausa es la más extendida, pero también están Jukun, Bororo, Nupe, Kirdi...

Recuerda mucho la historia a la vivida en este mismo país hace diez años en el Mundial Sub-20 que vio encumbrarse a Xavi, Casillas, Marchena y compañía. Después de superar un amotinamiento de los jugadores e incluso de soportar la aparición de lagartos en las habitaciones, la Selección impuso su fútbol al mundo. La quinta de Muniain, el niño prodigio que ha deslumbrado en el Athletic y sobre el que se apoya este equipo, busca hacer lo mismo. Ojalá lo consiga.